La economía peruana está creciendo desde hace más de siete años de manera sostenida como resultado de la apertura económica, acceso a nuevos mercados e inversiones en sectores estratégicos. Las estadísticas macroeconómicas así lo demuestran y sus principales indicadores revelan que esta tendencia seguirá en los próximos años.
Sin embargo, paralelamente al incremento del PBI, control inflacionario, subida de reservas netas e impulso a las exportaciones, hay sectores sociales que aún no gozan de los beneficios del crecimiento. Esta concepción, muy al margen de la reducción de la pobreza de 47% al 31% en los últimos cinco años según el Banco Mundial.
Precisamente son en los sectores sociales emergentes donde las microfinanzas se transforman en herramientas básicas del desarrollo social, mediante la formación y fortalecimiento de pequeñas y micro empresas, que generan a su vez, diversos tipos de empleo. Estos nuevos puestos de trabajo se ubican entre los negocios de sobrevivencia y unipersonales, hasta empresas familiares que poseen diversas ofertas laborales.
Si en el Perú el 96.6 por ciento del empresariado está en la PYME (Pequeña y Mediana Empresa) y en las MYPE (Micro y Pequeña Empresa) y hay cerca de cinco millones de unidades productivas y comerciales, es fácil deducir que la mayoría de los empleos está en este sector. Las estadísticas revelan que es el sector más dinámico de la economía y la que constantemente está creando reconversiones laborales de todo tipo.
Aún el impacto de la crisis financiera internacional fue amortiguado en parte por las PYME y MYPE que por el tamaño de sus economías no sintieron las consecuencias de la crisis. Sabemos que aún es prematuro afirmar o negar resultados, pero a juzgar por lo que está ocurriendo en el mundo, especialmente en los Estados Unidos, Japón, China y la Unión Europea, la crisis en América Latina está en una fase final.
La industria microfinanciera no sólo debe verse como una herramienta financiera para las pequeñas empresas, sino como el gestor en la formalización de cientos de empresas que para acceder a un crédito deben ser empresas constituidas formalmente. Muchos informales ahora son negocios constituidos legalmente en virtud a las exigencias de la industria microfinanciera.

